REFLEXIONES del Domingo 3
El Perdón se fundamenta en una actitud positiva, que intenta comprender la debilidad ajena y trata de buscarle excusas a la otra persona

PERDÓN

El Perdón se fundamenta en una actitud positiva, que intenta comprender la debilidad ajena y trata de buscarle excusas a la otra persona, como Jesús cuando dijo: «Padre, Perdónalos, porque no saben lo que hacen» (Lc 23, 34).  Pero la tendencia suele ser buscar más y más culpas, la de imaginar más y más maldad, la de suponer todo tipo de malas intenciones, y así el rencor va creciendo y se arraiga en nuestro corazón y va destruyéndonos por dentro y así también va destruyendo nuestra relación de pareja y nuestras relaciones familiares.  Cuando se le da a todo la misma gravedad, se correo el riesgo de volvemos crueles ante cualquier error ajeno.  La justa reivindicación de los propios derechos, se convierte en una persistencia y constante sed de venganza más que una sana defensa de la propia dignidad.

Cuando hemos sido ofendidos o desilusionados, el perdón es posible y deseable, pero nadie dice que sea fácil

Para perdonar necesitamos:

1) Perdonarnos a nosotros mismos. Hace falta orar con la propia historia, aceptaron a nosotros mismo, saber convivir con nuestras propias limitaciones, ¿Si no nos perdonamos nosotros mismo, cómo podríamos hacer con los demás?

2) Perdonar implica “poner la otra mejilla”.  Esto no se debe entender como una invitación a buscar ser ofendido reiteradamente, poner la otra mejilla es la fuerza de la no violencia, es responder a los gritos e insultos con palabras suaves y adecuadas, el lograr de alguna manera ser agua para el otro que quiera lanzar fuego.

3) Pero sobre todo, perdonar supone la experiencia de ser perdonados por Dios, justificados gratuitamente y no por nuestros méritos.  Fuimos alcanzados por un amor previo a toda obra nuestra, que siempre da nueva oportunidad, promueve y estimula.  Si aceptamos que el amor de Dios es incondicional; que el cariño del Padre no se debe comprar ni pagar, entonces podremos amar más allá de todo, perdonar a los demás aún cuando hayan sido injustos con nosotros.  

De otro modo, nuestra vida en familia dejará de ser un lugar de comprensión, acompañamiento y estímulo, y será un espacio de permanente tensión o de mutuo castigo.

Carlos y Poin - 31 de octubre del 2019.

El Señor dice que perdonemos a nuestros enemigos, bendigamos a los que nos persiguen y oremos por los que nos aborrecen (Mateo 5:38-48), porque al hacerlo, rompemos el poder de Satanás y la bendición que vendrá será muy grande. Contra eso Satanás no sabe qué hacer.

Satanás tentó al Señor en tres ocasiones en el desierto, pero guardó el último ataque para el final: Sus mejores amigos huyeron, Pedro lo negó y uno de los 12 lo traicionó, Su pueblo por el que Él había venido lo llevó a la cruz, lo escupió, lo abofeteó, lo maldijo, le puso una corona de espinas, lo azotó y lo clavó en la cruz, pero cuando estaba allí con todo el odio de Satanás sobre Él, Jesús dijo: “Perdónalos porque no saben lo que hacen”. Es el arma más poderosa contra nuestro enemigo.

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