Carta del mes de Noviembre, 2019
Para este mes de noviembre, mes de la familia, la iglesianos invita a reflexionar sobre el valor de este mes:Transmisión de la fe

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Queridos hermanos y hermanas:

Reciban un saludo en Jesús Buen Pastor y María Santísima.

Para este mes de noviembre, mes de la familia, la iglesianos invita a reflexionar sobre el valor de este mes:Transmisión de la fe, y el lema “Estas palabras que yo tedigo hoy se las repetirás a tus hijos” (cfr. Dt 6, 6-7)

La familia deja una huella imborrable en el corazón delos hijos, por eso la transmisión de la fe debe iniciar en elseno familiar. Para un cristiano la cosa más importante, lamás grande, la que cuenta de veras, es enseñar la fe a loshijos. Si creemos que Cristo es Dios, si creemos que elEvangelio es el Libro de la vida, si creemos que existe uncielo, y si creemos que son felices los pobres, los mansos,los pacíficos, los puros de corazón y los misericordiosos,entonces los padres sentirán la urgencia de enseñar ytransmitir la fe a los que más aman, a sus hijos.

Es verdad que orar con niños pequeños no es fácil, sobretodo si son muchos, tampoco es fácil orar con niños deedades muy diferentes, los más grandes se sientenavergonzados por la agitación de los pequeños que todavíano son capaces de tener largos momentos de silencio; éstasy sumando otras causas, hacen que cada día sea más difícilla oración en familia; sin embargo, es importante orar enfamilia, que el niño, aunque sea pequeño, se acostumbre aeste tiempo de oración diaria. Esto conlleva a los padres abuscar alternativas, ideas que, de acuerdo con su situaciónfamiliar, puedan lograr la oración efectiva, dinámica y nopermitir que la oración se haga rutinaria y con cansancio alfinal del día. 

Cuando rezamos, Dios no nos pide cosasextraordinarias: nos pide que estemos allí y eso es todo.¿Están nuestros hijos agitados? ¿Estamos cansados? ElSeñor lo ve bien y lo sabe mejor que nadie. Si fuéramosconscientes de la inmensa ternura con la que mira a cadauna de nuestras familias, con la que recibe todas nuestrasoraciones familiares, incluso las más pobres, torpes,inquietas, entremezcladas con interrupciones oreprimendas, si entendiéramos que nos ama tal comosomos, nunca dudaríamos en orar en familia.

En otro sentido, aprovecho la ocasión para dar lasgracias a todos los misioneros, a los coordinadores de lamisión y a cada hogar por abrir las puertas a la buenanueva del Evangelio. Que el Señor siempre los mire conmisericordia y acoja sus necesidades.

Y que nos de la gracia de renovar nuestra fe yseguir transmitiéndola por medio de la Palabra, laesperanza y la caridad. 


Redo. Padre Amauri Rosario

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