Carta del mes de Enero 2020
Damos la bienvenida al nuevo año 2020 como un regalo del Señor y

Queridos hermanos y hermanas: Reciban un cordial saludo en Jesús el Emmanuel, Dios con nosotros y María nuestra Madre. 

Damos la bienvenida al nuevo año 2020 como un regalo del Señor y damos gracias a Dios en nuestro corazón por todo el bien que nos ha hecho durante el año 2019, incluso por las pruebas y consolaciones que hemos vivido, que nos han hecho madurar en la fe y nos han dado mayor fortaleza interior como Parroquia y como familia. 

Y junto con esta actitud de gratitud imploramos en este nuevo año una bendición especial sobre nuestra comunidad, por todas nuestras necesidades y, en particular, por los beneficios espirituales de todos los proyectos de los sectores, ministerios, movimientos y servicios de nuestra vida parroquial. 

El 2020 será ocasión propicia para que todos comprendamos y nos formemos con mayor profundidad sobre esa Palabra encarnada en los Evangelios, en la liturgia, en la lectio divina y en el cultivo de los valores del Reino. 

Queremos enfatizar también la motivación a los niños, adolecentes, jóvenes, padres, madres, solteros, adultos mayores; en fin, a la familia en general, el sentir y el trabajar por la Iglesia y el Reino de Dios, fomentando la experiencia de fe y fraternidad, así como, la participación en la vida parroquial a través del servicio, como ofrenda agradable a Dios.

Al iniciar este nuevo año les invito a recordar en nuestra cotidianidad que, Jesucristo el Hijo de María es el Emanuel, Dios con nosotros, que nos acompaña siempre y camina a nuestro lado. Ya no estamos solos, es Cristo quien nos ayuda a cargar nuestra cruz ¡Qué reconfortante es saber que Dios no nos abandonará jamás! Que Él siempre estará a nuestro lado para cuidarnos, guiarnos y acompañarnos por el camino de la santidad, la salvación y se comience a hacer vida en nuestra comunidad. 

Finalmente roguemos a nuestra Madre María, Madre de Dios, que en este 2020, sea Ella quien nos enseñe a guardar en nuestro corazón la Palabra de su Hijo, y junto a ella, no permitamos que el mundo nos arrebate nuestra fe, nuestra alegría, nuestra esperanza, ni nuestro amor a Jesucristo; haciendo visible el Reino de Dios, a través de la caridad. Dios le bendiga a usted y a su familia,

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